ESTUDIOS EN PAZ

Somos una Asociación cuyo objetivo es el acogimiento en el seno de familias aragonesas de los niños y niñas saharauis para que puedan realizar estudios en condiciones de vida que permitan un óptimo desarrollo de sus capacidades

MADRASA DE ACOGIDA RELATO


Relato presentado al Concurso Acercando orillas organizado por la casa De Las Culturas Ayuntamiento de Zaragoza. Ha sido seleccionado para ser publicado junto a nueve relatos más en un libro en PDF que estará en la web municipal.

Contamos la experiencia migratoria de un estudiante del Proyecto Madrasa.


MADRASA DE ACOGIDA

Dos dientes, esos tenía mi abuelo. No puedo olvidar su imagen con sus dos dientes, la cara muy arrugada y curtida por el siroco y el sol, el turbante negro, la darra marrón oscura, sandalias y sus camellos, muchos camellos.

Ahora, cuando está la abuela con nosotros, entro al baño y veo un vaso con la dentadura postiza. No sabía que existían, que se quitan y ponen, no sabía tantas cosas... Los dientes, en nuestra cultura, sirven para lo que sirven, para masticar y poco más. Veo las clínicas dentales  por todas partes y me acuerdo de mi abuelo, siento nostalgia.

Tengo vagos recuerdos pero con tres y cuatro años no iba a la guardería, no me gustaba, no me sentaba bien, caminaba con dificultad y aprendía despacio. Si tienes problemas para aprender, en los campamentos estás perdido, no cuentas, nadie va a perder el tiempo contigo. Mis padres pensaban que con quien mejor estaba era con los abuelos y los camellos en El Badía, en el desierto, pastoreando, respirando aire puro en el mejor entorno natural posible. Yo también estaba bien, quería estar con ellos, me comprendían.

En los colegios de los campamentos si no eres de los primeros de la clase…; además soy zurdo, otro problema añadido. ¿Pensaba que sería imposible aprender? No sé lo que pensaba pero me sentía distinto y esa sensación en algunos lugares es una sensación dura, difícil de exteriorizar, muy íntima, pero reconocible.

Me levanto todos los días a las seis y cuarto para ir a trabajar, rezo y me siento muy unido a mi padre. Sé que él está haciendo lo mismo, solo que a unos tres mil kilómetros al sur. Me cuesta entenderlo, todos los días va al trabajo, a un trabajo por el que no le pagan, un trabajo por la causa, por una idea, por la esperanza de que en algún momento el pueblo saharaui podrá volver al territorio del que tuvo que salir huyendo. Mi padre no se queda en casa, va a trabajar aunque, para comer, mi familia depende de la ayuda humanitaria. En los campamentos no existe el sistema productivo, no hay proyecto económico posible.

Voy todos los  veranos a los campamentos para estar con mis hermanos, mis padres y la abuela, sobre todo la abuela, necesito ir y verlos, y verla. En los once años que llevo en España estudiando, ha muerto mi abuelo, la otra abuela, se han casado mi hermana y mi tío y he sido tío; mis padres se han cambiado de casa… han pasado muchas cosas en las que no he estado presente, demasiadas, me supone un alto precio  no estar.

 El último viaje fue especial, fue en abril del año pasado, durante las vacaciones de Semana Santa. Era un vuelo de cooperantes, vino mi padre de acogida y varios compañeros suyos, siempre están con proyectos para ayudar a los colegios de los campamentos. Después de estudiar durante nueve años en España, tenía la oportunidad de trabajar; la empresa donde había hecho las prácticas me quería contratar. Sentía unas ganas tremendas de contárselo a mi familia, a mis padres, me querían contratar… casi no me lo podía creer.  Yo sabía lo que quería, pero tenía que hablarlo, lo necesitaba. Mi padre me dijo: "Si puedes trabajar en España, trabaja." Suficiente, los dos somos de pocas palabras; en eso y en la importancia que doy al trabajo me parezco a mi padre.        

Ahora           estoy en otra empresa y me han renovado el contrato por un año. Cuando voy con la furgoneta por el páramo de Teruel no puedo evitar, en la soledad, recordar a mi familia y mi pueblo. ¿Cómo se imaginarán que es mi vida aquí?

Ha sido duro, muy duro. Ha habido que estudiar mucho, pero sobre todo he tenido que aprender a confiar, confiar en un plan en el que tenía muchas incertidumbres, muchas dudas. Había que estudiar, para eso había venido, para eso me habían mandado mis padres. Quizás ahí está mi principal responsabilidad: lo que esperan de mí. Esperan mucho, quizás demasiado, pero esperan y confían en mí, en que prospere. En el desierto siempre se espera, se espera a que pase algo en un lugar donde no pasa casi nada, solo pasan lentamente los días.

Aprendí a leer en español en el verano. Fue un verano raro porque tenía que aprender a leer y escribir y, a la vez, quería disfrutar, pasármelo bien.  Dos acontecimientos marcaron mi primer verano, mi familia decidió ir de vacaciones a Asturias y se celebró en Zaragoza la Expo. Para alguien como yo que venía a Zaragoza a estudiar, la realidad desbordó toda mi imaginación. Disfruté cada minuto de ese verano y fue una vida familiar que me dejó un mensaje claro, con esta familia podía ser, aquí podía estar mi futuro. Se empezaban a cumplir aquellas palabras que siempre oía a mi madre, “mi hijo está con una buena familia en España”, ese deseo podía empezar a ser realidad. 

Leer español me resultó difícil. Todos los días, al punto de la mañana, me cogía Luis, mi padre de acogida. Es maestro de Primaria y tiene paciencia, pero yo agotaba a todos.  Mi problema eran las vocales, confundía tonel con túnel. Cuando llevábamos un buen rato, tomaba el relevo Ana, mi madre de acogida, también maestra; tiene mucha más paciencia y manejaba la cartilla de maravilla; íbamos hacia adelante y volvíamos atrás. Avanzábamos mucho, repasábamos, yo me sentía contento. Después, venía Adrián, el nuevo hermano español que me había tocado. Es deportista, simpático y acaba de venir de un Erasmus, es ingeniero. Es con el que mejor me entiendo, aunque para enseñarme consulta a sus padres. Los tres tienen prisa, quieren que en septiembre maneje las palabras, que escriba frases, creo que quieren un imposible. Al mediodía estoy agotado, no pensaba que iba a ser tan duro. Nunca me habían hecho un plan de trabajo tan constante.  Así fue mi último verano de Vacaciones en Paz.

Comprendí la realidad el primer día de clase en Secundaria. Iba a tercero pero, daba igual, no sabía, no entendía, estaba lejos, muy lejos... ¿qué hacía yo allí?,,, Me hubiera vuelto corriendo a los campamentos si hubiera podido. Pero tenía dónde agarrarme, la constancia y el esfuerzo, que dependía de mí y la organización, el apoyo y la fe en lo que hacían, que dependía de mi familia de acogida. Mi padre me daba clase de lengua, historia y geografía. Veíamos juntos películas que elegía para que entendiera mejor la historia, lo que había sucedido en el mundo. Recuerdo que me impresionó mucho la Segunda Guerra Mundial, el Gran Dictador me enseñó que las injusticias se han repetido a lo largo de la historia. Leía lo que me seleccionaban, no paraba. Mi madre se encargaba de las matemáticas y las ciencias. Para alguien que no sabía bien dividir con catorce años, entender las ecuaciones en meses era un trabajo imposible. 

          Pero todo fue posible; muchas horas de estudio todos los días incluidos fines de semana. Al recordarlo me vienen a la cabeza la cantidad de personas que han apostado por mí, que me han ayudado en este caminar. En el lote están mis tutores y tutoras de Secundaria en el Colegio Buen Pastor del barrio de Torrero. También está Ramiro, mi entrenador de atletismo. Mi familia pensaba que practicar algún deporte sería bueno para mi formación y, entre las posibilidades que había, lo de apuntarme a correr no me disgustaba. Un día vino mi padre de trabajar y comentó que un compañero suyo entrenaba a jóvenes en un complejo deportivo en el barrio y que podía ir a probar a ver si me gustaba. Fuimos esa misma tarde. Me impresionó, como todo lo que iba apareciendo ante mi vista. Era de noche  y estaba todo iluminado, el verde del césped, las calles de correr rojas, muchos chicos y chicas de todas las edades entrenando, la posibilidad de probar, repetí al día siguiente y he seguido corriendo hasta que empecé a trabajar y no pude cuadrar los horarios. Entrenar era mi escapatoria, iba todos los días por las tardes un par de horas, era el descanso en medio del estudio. Luego llegaron las competiciones, los cros, las carreras los domingos por la mañana. El atletismo me ha ayudado y mucho; la vida la construimos a piezas, empalmando retazos como si fuera un puzzle.

Hablaba con mi familia, con mis padres, mi abuela y mis hermanas todas las semanas, Enseguida descubrí que la distancia cambia la percepción de las cosas y de la realidad. Por más que me esforzara era difícil que entendieran cómo es la vida aquí. Lo más difícil de entender y de explicar es el ritmo de trabajo, el ritmo al hacer las cosas. No entendían que estuviese tan ocupado ni que tuviese tan poco tiempo. Desde los campamentos la visión de occidente es muy distinta a la real. Desde allí se piensa que aquí todo es fácil, agradable, rápido y bonito. Es como si por todas las partes hubiera caras ocultas de realidades que no se cuentan. En la emigración suele suceder que el que emigra, cuando regresa con los suyos, cuenta una realidad fantástica, en muchos casos irreal, de cómo es su vida y su trabajo. Tiene su lógica, hay que ser un triunfador, no se emigra para contar penas. Además, siempre hay historias que se han oído de personas que han triunfado en la emigración y, claro...  ¿por qué no vas a ser tú uno de ellos? Me he preguntado muchas veces ¿qué es triunfar? ¿qué quiero hacer con mi vida? No tengo respuestas claras. En ese puzzle que es la vida unas veces tomas decisiones que con el tiempo  puedes rectificar y, otras que no tienen marcha atrás.

Llegó el verano, se acabó el curso y con él la vuelta a mi casa, a la jaima, a los campamentos. Mi familia sabía muchas cosas de lo que hacía, de mis estudios, de mi vida en España. Mi familia de acogida viajó  a los campamentos en abril. Eran vacaciones escolares, las llaman de Semana Santa y los cooperantes organizan vuelos solidarios a los campamentos. Era la oportunidad para que conocieran a mis padres. No es un viaje sencillo y, además, la primera vez siempre hay miedo a lo desconocido. Me recordó mi primer viaje a España. ¡Qué distinto! Quieren tener todo atado, o casi todo, y eso, viajando a los campamentos, es imposible. Había ilusión y nervios en casa. Yo sabía cómo los iban a tratar mis padres, todo lo que iban a hacer, cómo los iban a acoger. También sabía lo que les iba a impresionar, las dudas que iban a tener. Poco a poco los fui preparando, explicando que no hay muebles, que la vida se hace en el suelo, que a ellos les pondrán colchones.

- ¿Colchones?¿De dónde salen?

- Mi madre los buscará. Algún vecino los prestará.

Hace calor y mucho viento,  hay que cubrirse la boca, la cara, los ojos. Hay que explicar lo importante: cómo se usa el baño o cómo se come en un plato único. Llevaron muchos bultos y todos los kilos permitidos. Aprendieron a llevar el equipaje en bolsas de chinos, no pesan y son resistentes. Allí aprendieron a lavarse casi sin agua, a vivir con lo justo y vinieron sorprendidos de la alegría de mi familia. Después del primer viaje han venido otros muchos con proyectos de cooperación, con proyectos con colegios y, sobre todo, con el Proyecto Madrasa. Mi vida ha cambiado con este Proyecto, con la Asociación Estudios en Paz, con la familia. Muchas sensaciones y emociones experimentaron mis padres de acogida en el viaje, pero una les caló por encima de todas. Mi tío Ahmed, unos pocos años mayor que yo, no paraba de repetirles que hicieran todo lo necesario, lo que fuese, pero que aprovechara la oportunidad, que estudiara, que no me dejaran hacer tonterías. Él quería tener una oportunidad en la vida y estaba atrapado en la arena, quería hacer realidad sus sueños, sus ilusiones, quería tener un futuro y no tenía más que arena y desierto.

¿La he aprovechado?¿La estoy aprovechando? Qué difícil es contestar. Aquí estoy en medio de la nada vigilando un generador para que no le falte la energía eléctrica al pueblo de aquí al lado. Pasaré tres o cuatro días en este lugar. ¡Cuánto me recuerda al Badía, cuánto me recuerda a mis abuelos!

La felicidad es algo complicado, es una suma de estados de ánimo. Tengo muchos frentes abiertos, el mío, íntimo y personal; el de mi familia saharaui, mis padres, mis hermanas, sobrinos, la familia de allí; la familia de aquí, mis padres de acogida, mi hermano de acogida, sus hijas, su familia, mis amigos de aquí porque los de allí, los de allí, ¿dónde quedan, dónde están? unos en la diáspora como yo; otros, en Argelia; otros, en los territorios liberados y  en el ejército.

Cuando acabé el colegio y Secundaria, los estudios de Formación Profesional me asustaban. No me sentía con fuerzas y los veía como un mundo inalcanzable. Tampoco podía elegir mucho, las plazas y elegir lo que quieres estudiar no es tan fácil. No hay plazas suficientes y la selección se hace por nota. Con un aprobado justo puedes elegir lo que queda, así que, al final, tuve hasta suerte y entré en el Centro de Formación Profesional Condes de Aragón para estudiar el Grado Medio de electricidad. Aprendí mucho, han tenido mucha paciencia conmigo porque el Grado de dos años a mí me ha costado tres. No me ha importado, voy poco a poco y, la verdad es que ahora lo miro con distancia y pienso que han sido los años en los que he dado el salto de pequeño a mayor; pero todavía me sentía como si me faltara algo, esa experiencia, esa soltura que no tenía, necesito todavía el cobijo de mi familia. Había que seguir estudiando.

He conseguido plaza en el grado de Mantenimiento electromecánico en el IES Virgen del Pilar. Desde el primer momento comprendí que era la oportunidad para aprender un oficio. El taller me impresionó, las máquinas, el ambiente, el olor a hierro, a soldadura, a taller. Estaba contento, disfrutaba. Desmontaba y montaba máquinas ayudado por unos profesores que explicaban de maravilla. Por fin me enteraba perfectamente de lo que me explicaban. Por fin no necesitaba la ayuda de Luis y Ana. Jamás pensé que podría disfrutar aprendiendo, descubrirlo ha sido una sensación maravillosa. De aquí al mundo laboral, ¿será posible?

Comenzar la vida laboral en Zaragoza, en España, viniendo del desierto, viniendo de los campamentos de refugiados, era un sueño pero, sobre todo, era una responsabilidad; por mis padres, por mi familia, por mi pueblo saharaui.

Cuando voy a Grancasa pienso en el mercado de Smara. Mi madre me mandaba a comprar, nos conocían, saben de qué familia eres y quién eres. Un gesto, una mirada, ya sabes que saben quién eres. En este gran centro comercial, cerca de casa, la cercanía es lejanía, eres cliente, persona que va a gastar y poco más.  Necesitaba unas zapatillas para ir a trabajar y estaba probándome unas en una de las tiendas, cuando noté una mirada de complicidad, familiar, que rápidamente devuelvo. La niña que estaba probándose unas preciosas sandalias blancas a mi lado, le dice suavemente a su papá:

- Papá, ese chico es saharaui, ha venido a mi cole y nos ha contado cómo es la vida en su país.

Me gusta colaborar con la Asociación, lo necesito para no olvidar, para tener presente de dónde vengo, recordar un pasado que es demasiado presente. Aquí lo llamamos hacer sensibilización, visibilizar una situación social injusta como es la del pueblo saharaui, explicar la vida de  miles de personas en los campamentos de refugiados, contar cómo era mi vida de niño, mi vida en el colegio, en la calle, en la jaima, cómo es la vida actual de mi abuela, mis hermanas y mis padres. Les impresiona mucho y ponen cara de incredulidad. Nos apoyamos en fotos, muchas fotos que demuestran la cruda realidad.

Es abril, estamos en medio de esta extraña pandemia y me mandan a Jarque de Moncayo; hay una reparación y tengo que ir con el generador, voy a estar por lo menos una semana. Aquí, en la soledad, cerca del Moncayo, tengo tiempo para pensar en lo que está pasando, en lo que ha pasado. Me ha asombrado ver colas en los supermercados, ver cómo la gente acaparaba los rollos de papel higiénico, saber que se ha muerto mi vecino, una persona cercana, amable, que siempre me preguntaba cómo iban las cosas. Ahora salimos a aplaudir y vemos a su mujer que está confinada como nosotros. No podía pensar que me iba a tocar pasar por una situación como esta. A mi madre la tranquilizo, pero tampoco le explico mucho, no sé si lo entendería. Pienso en mi abuela, en todo por lo que ha pasado ella, el éxodo, la guerra, la vida en la Hamada argelina, el calor, el siroco, la escasez y, sin embargo, siempre me ha parecido una persona feliz. Irradia felicidad. A lo mejor la felicidad no tiene nada que ver con el lugar en el que estamos, tiene que estar dentro de nosotros.

                                                            MOHAMED LAMINE MEKHAITIR

 

 

 

MANIFIESTO EN APOYO AL PUEBLO SAHARAUI

 Desde la Asociación Estudios en Paz queremos manifestar nuestro apoyo y solidaridad con las justas reivindicaciones del pueblo saharaui.

De acuerdo con el derecho internacional y las resoluciones de la ONU, el pueblo saharaui debe ejercer su derecho a la autodeterminación y optar libremente por la independencia o cualquier otra alternativa que elija.

Desde la firma de los acuerdos de paz en 1991, Marruecos ha vulnerado sistemáticamente el espíritu y la letra del Plan de Paz y los acuerdos correspondiente, pero, a pesar de su gravedad, el Frente Polisario siempre ha respondido recurriendo a las Naciones Unidas como responsable del cumplimiento de los acuerdos.

Exigimos que el Estado español cumpla y haga cumplir la legalidad internacional y cese la colonización en el Sahara Occidental. Mientras, exigimos que cese el expolio de los recursos naturales, por lo que entre otras cosas denunciamos el Acuerdo pesquero de Europa con Marruecos. 

Los estudiantes del Proyecto Madrasa y sus familias de acogida hemos participado en las concentraciones que se han realizado en Aragón en apoyo al pueblo saharaui. 






JUNTOS ES MÁS FÁCIL


Sí, en estos momentos duros y difíciles juntos nos sentimos mejor. Desde la Asociación Estudios en Paz queremos decir que estamos todos bien, que nos sentimos cerca y que estamos en contacto diario con todas las familias. Queremos mandar también un mensaje a las familias saharauis de nuestros chicos y chicas y decirles que gracias por sus ánimos y muestras de apoyo, sí, juntos saldremos adelante.
También estamos en contacto a través de la Federación de Asociaciones Madrasa (FAM) con el resto de Asociaciones, un saludo y abrazos a todos.
La mejor señal de que estamos bien es vernos por esta ventanica, así que aquí están nuestras fotos.

Desde Bulbuente (Zaragoza) nos saluda Mata con Maribel. Jesús y toda la familia


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En Zaragoza vive Marian con María José y Sergio

Desde Zaragoza nos saluda Nayat con su familia, vive con Teresa y Saturnino.


Nos saludan desde Zaragoza Salma y Bea



Desde Huesca, la familia de Juanjo y Milagros con Kentaui.

En Zaragoza vive Raguía con Mari Ángeles, Miguel Angel, su hija...



Desde Zaragoza nos saluda Bulahi, nuestro profe de árabe.


En Zaragoza vive Saleh con Lorenzo e Isabel.


Desde Pancrudo (Teruel) nos saludan Mahbi, Laura y José Ramón


En Zaragoza, con Rita y Paco, viven Mohamed Mustafá y Amal


Desde Huesca nos saluda Dada, vive con Carmen y José Luis



Enn Arcusa vive Hamudi con Noemí, Antonio y Ara. 

Desde Borja (Zaragoza) Mohamed Lamine con su familia, María José, Fran.....







Desde Angües  (Huesca) Mohamed Mamud vive con Cristina, Angel Ramón...
Desde Zaragoza, Consuelo y Jesús con sus hijas, han tenido a Mohamed, ahora con su madre.

Desde Zaragoza también, Yadih con Joaquín y Espe

En Sabiñánigo (Huesca) vive Zaha con su familia, Yolanda y Basilio

Zaragoza, Mohamed Lamine vive con Lourdes y Adolfo

Desde Binéfar nos saluda Yusef, vive con Begoña y Juan José

En Muel (Zaragoza) vive Said con César, Milagros, sus hijas...

Desde Alcañiz nos saludan Mehdi, Mikel y Marisa.

En Huesca vive Said con Jesús y Presen


En Teruel está Alí, vive con Pilar.


Aquí estamos esta gran familia, formada por familias acogedoras, pasando, como en casi todo el mundo, por una situación inimaginable. Entre todos y todas nos damos ánimos. Continuamos y juntos saldremos. ÁNIMO, 





VOLVEMOS DE LOS CAMPAMENTOS SAHARAUIS

Sí, ya estamos todos y no ha sido fácil, pero por fin nuestros chicos y chicas ya están de vuelta en Aragón,  después de pasar las vacaciones en los campamentos saharauis con sus familias.
Para comenzar el curso y darnos ánimos unos a otros nos hemos juntado este fin de semana en Uncastillo, en el albergue, un lugar que nos ha permitido estar tranquilos y poder convivir las familias y los chicos y chicas.
Los chicos y las familias hemos acudido desde Arcusa, Sabiñánigo, Huesca, Zaragoza, Bulbuente, Muel, La Ginebrosa, Teruel, Pancrudo, para darnos ánimo, tener claro que venimos a estudiar y mucho,  para completar nuestra formación. Nuestros chicos están estudiando desde 5º curso de Primaria, Secundaria, Formación Profesional, Bachillerato, hasta la universidad donde ya tenemos tenemos cinco universitarios.
Los chicos han debatido sobre las dificultades, los retos, los objetivos que se proponen para este curso. También han analizado las dificultades con las que se han encontrado en cursos anteriores y los mayores han dado pistas y han explicado a los más pequeños cómo ellos han ido solucionando los problemas.
Las familias hemos tenido la asamblea anual de la asociación, analizando la situación actual del Proyecto Madrasa en Aragón, cómo podemos mejorar este curso, organizar las clases de árabe y cultura hasanía, y debatir sobre la complejidad del Proyecto.
Nos han acompañado el Delegado Saharaui en Aragón, Sidahme Darbal y el profesor de árabe y cultura hasanía de la Asociación,  Bulahi Lehvit.
Como conclusiones del encuentro los chicos nos han manifestado la necesidad de reflexionar sobre la situación que viven ellos, personas que se encuentran entre dos culturas.
Ha sido un fin de semana muy intenso, ahora toca estudiar para sacar adelante el curso escolar.


CONVIVENCIA Y FORMACIÓN DE FAMILIAS

 El fin de semana pasado, 8, 9 y 10 de marzo nos hemos juntado las familias y los chicos y chicas saharauis de la Asociación. El objetivo ha sido compartir juntos las experiencias de este curso escolar, analizar y reflexionar sobre los estudios y cómo nos va nuestra vida familiar y social. Todos los chicos y chicas han estado con el profesor de árabe, Bulahi y con Sidadme el delegado saharaui en Aragón.  Han hecho balance de lo que llevamos de curso , de las dificultades con las que se encuentran, de los retos de futuro, de la comunicación con sus familias biológicas y han conocido las últimas noticias sobre la situación de la causa saharaui.

Las familias hemos tenido distintas sesiones de trabajo en las que hemos visto distintos ideas y planteamientos para trabajar con los chicos ,temas de identidad, cultura y la convivencia familiar entre dos culturas.  Hemos reflexionado sobre las dificultades de los chicos con los estudios, los apoyos necesarios, las tutorías, los refuerzos, y las posibilidades para el curso próximo (paso a módulos profesionales, bachillerato, repetir curso, etc. )
 La adolescencia ha sido otro tema de trabajo y las posibilidades de abordarla en familia.
En la evaluación hemos visto la necesidad de vernos con mas frecuencia reconociendo que es un problema la dispersión por todo el territorio aragonés. Estamos familias de Teruel, Pancrudo, La Ginebrosa, Zaragoza, Muel, Borja, Arcusa, Binéfar, Sabiñánigo y Zaragoza.
 Terminamos con la asamblea de la asociación.

NUESTRA FINANCIACIÓN


Nuestra Asociación es familiar, el único profesional es el educador de árabe y cultura hasanía. Lo tenemos que tener porque uno de los principios dl Proyecto Madrasa es que nuestros educandos no pierdan su cultura de origen.
La mayor parte del presupuesto está destinado a su salario, seguros sociales, gestoría, etc. Las familias corren con todos los gastos de los chicos y chicas de educación, manutención, viajes de vuelta cada verano a los campamentos de refugiados, etc.
La asociación la formamos los socios. Somos socios todas las familias acogedoras y cada socio paga una cuota anual de 40 €. También pueden ser socios amigos, familiares y todas las personas que quieran colaborar. Como no es suficiente la asociación hace unos calendarios que vendemos todos los socios con el fin de aumentar los ingresos. Si no se llega a cubrir los gastos, las familias tienen que abonar lo que falta. Para evitar este desembolso la Junta de la Asociación presenta el Proyecto a distintas convocatorias de subvenciones. Hasta ahora hemos obtenido ayudas de Ibercaja y del Ayuntamiento de Zaragoza. En 2018 nos ha sido concedida una ayuda desde el Programa Operativo Fondo Social Europeo 2014-2020, Construyendo Europa desde Aragón, del Gobierno de Aragón. Esta subvención nos ayudará a cuadrar los presupuestos de 2018.
Nos presentaremos a la convocatoria de 2019 para poder seguir desarrollando con éxito el Proyecto.

YA ESTAMOS TODOS

Sí, ¡ya estamos todos!, bueno todos, todos no, Yadih siempre llega por estas fechas, está al llegar.
Como todos los veranos los estudiantes saharauis del proyecto Madrasa en Aragón han ido a los campamentos de refugiados saharauis en Tindouf, y en septiembre han vuelto para continuar sus estudios.
Nos hemos vuelto a juntar todos para pasar un día de convivencia, contarnos cómo nos ha ido el verano y volver a tomar el día a día de la vida del estudiante. Este año también han venido tres familias de Navarra que comparten proyecto con nosotros. Hemos tenido la asamblea de la Asociación, en la que, entre otras cosas, hemos explicado que se ha constituido la Federación de Asociaciones Madrasa (FAM), de la que formamos parte. Con esta Federación estatal esperamos funcionar mejor, agilizar trámites y coordinarnos para solucionar problemas.
Hemos contado por primera vez con la presencia de dos padres saharauis de dos niños acogidos. Han estado con nosotros el padre de Yusef y el de Yadih. Es muy positivo que conozcan a la Asociación, lo que hacemos y cómo lo hacemos. Han asistido a la jornada de convivencia el delegado saharaui en Aragón, Sidadme y el profesor de árabe y cultura hasanía de la Asociación, Bulahi.
Vemos que nuestros chicos se nos hacen mayores y vienen, están con todos y son modelo y eejmplo de los pequeños. Unos van acabando sus módulos profesionales y otros comienzan la Universidad. Os deseamos a todos un buen curso.